
Brandbook del Banco de España
En este nuevo artículo sobre cómo crear un brandbook exitoso: 10 claves para tu estrategia de branding, vamos a hablar de temas relevantes si quieres crear o modificar tu marca.
Se trata de una estrategia sólida en la que Wearebold.es te puede asistir desde el principio del proceso.
Un brandbook —o manual de identidad corporativa— es una herramienta esencial para cualquier empresa que quiera construir un branding sólido, coherente y preparado para crecer.
Más que un simple documento donde se recogen elementos de diseño como la tipografía o el color, el brandbook define la esencia estratégica de la marca: cómo se ve, cómo habla y cómo se conecta con su entorno.
Y cuando hablamos de entorno, nos referimos a todos los públicos (sí, esos stakeholders que tanto usamos en marketing):
- Internos como empleados, dirección y accionistas.
- Externos como clientes, potenciales clientes, proveedores o colaboradores.
- Y por supuesto, la competencia, porque el branding también ocupa territorio mental.
En este artículo no vamos a hablar de diseño gráfico.
No vamos a entrar en cómo aplicar un logo o elegir una paleta de color.
Vamos a hablar de estrategia.
Porque lo importante va delante.
Porque sin una buena base estratégica, ningún diseño —por muy atractivo que sea— consigue construir una marca que conecte, inspire y venda.
Si quieres que tu marca sea fuerte, reconocible y capaz de adaptarse a cualquier contexto, necesitas construir un brandbook que no solo funcione hoy, sino que anticipe las necesidades del mañana.
Recuerda que el diseño y el branding trabajan siempre hacia el futuro: son herramientas para mejorar tu reputación, tu posicionamiento y tus ventas.
En Wearebold.es te contamos, paso a paso, cómo crear un brandbook exitoso que impulse tu estrategia de branding con este decálogo definitivo.
A continuación te dejamos con diez claves para un brandbook exitoso:
1. Planificar estratégicamente desde el principio
Un brandbook bien pensado no solo responde a lo que la empresa es hoy, sino a lo que quiere llegar a ser. Por eso, un tema fundamental es que el rebranding de la empresa forme parte del plan estratégico, con el que es muy importante alinearse.
Debemos tener en cuenta cuál va a ser el territorio mental que va a ocupar la compañía en el futuro y cómo vamos a conseguir ese posicionamiento ansiado. Por cierto, este momento es clave para firmar con los equipos de trabajo el “new deal” que nos haga luchar para lograr los objetivos. Involucrar, por lo tanto, a toda la empresa y hacerlo bien puede tener su recompensa.
Así, tu trabajo se verá reflejado en ese manual de marca que será tu herramienta profesional.
Aquí podéis ver nuestro trabajo para la OEI (Organización de Estados Iberoamericanos)
2. Involucrar a todos los actores importantes, dirección, marketing y ventas y departamentos clave
El branding también tiene que vender y mejorar la reputación de la compañía. Por eso, es fundamental incluir a los equipos de marketing y ventas en la creación del proceso de la nueva marca y, por supuesto, en la necesidades del nuevo brandbook.
Todo buen branding empieza con una estrategia clara. Antes de diseñar logos o definir colores, es clave reunir a todos los departamentos y planificar de forma conjunta qué necesidades tendrá la empresa en el futuro.
Ellos te ayudarán a definir actividades concretas y a asegurarte de que la identidad de marca conecta de verdad con clientes, partners y mercados.
3. Conocer al cliente ideal (ICP) y encajar con él
Antes de hablar de tono, colores o tipografías, hay una pregunta que toda marca debe saber responder con claridad:
¿A quién le hablamos? y ¿Por qué nos va a elegir a nosotros?
Nuestra metodología parte de un triángulo virtuoso que resume la mínima expresión de cualquier negocio:
- El autoconocimiento empresarial: saber quiénes somos, qué hacemos bien y qué nos hace diferentes.
- Los clientes ideales (ICP), es decir, aquellas personas o perfiles a los que realmente queremos y podemos aportar valor.
- El contexto ambiental, lo que está pasando en el mundo: tendencias, retos sociales, cambios tecnológicos, cultura y sensibilidad colectiva.
Del análisis de estos tres elementos surge algo fundamental: la propuesta de valor.
Ese “por qué tú y no otro”. Ese argumento clave que toda la organización debe tener claro, compartir y saber aplicar en cada pieza de comunicación.
El brandbook no puede ignorar esto. De hecho, debería partir de aquí.
Porque si no está claro quién es nuestro cliente ideal, cómo se comporta, qué le preocupa y qué espera de una marca como la nuestra, estaremos diseñando a ciegas.
Y si no hemos definido bien nuestra propuesta de valor, difícilmente podremos construir una identidad que lo refleje.
Incluir este trabajo en el brandbook es clave para que todas las personas implicadas —desde diseño hasta ventas— estén alineadas.
Y para que cada vez que alguien vea, lea o escuche algo de tu marca, entienda perfectamente por qué existe… y por qué le interesa.
4. Crear distintas capas de profundidad en el branding y el brandbook
Hablemos de la arquitectura de marca, de cómo vamos a ordenar los distintos núcleos fuertes de comunicación de la compañía, que generalmente tiene unas necesidades corporativas por un lado (más institucionales, por ejemplo) y por otro, necesidades más comerciales.
Si hablamos de una corporación o empresa al uso, debe tener:
- Una capa más alta, desde donde se realiza la comunicación corporativa. Aquí hablaremos en tono institucional y tendrá que ver con la marca principal, la narrativa general de la compañía, su posicionamiento, sus valores, su cultura.
- En una capa inferior tenemos los productos y servicios, que tendrán personalidad propia o no dependiendo de sus necesidades específicas. Si la empresa tiene varias marcas, submarcas o departamentos con identidades dependientes de la principal, esto debe estar previsto.
- Una capa distinta, una especie de spin-off de la corporativa, que se utiliza a menudo para las comunicaciones internas. Cada vez más empresas le prestan atención a la experiencia del empleado. (De employer branding hablamos otro día).
Además de definir estas capas, es fundamental que el brandbook contemple cómo adaptar la narrativa de marca a cada uno de estos niveles.
No es lo mismo hablar de la empresa en general que comunicar un producto técnico, un servicio concreto o una línea de negocio específica.
Cada contexto necesita un tono, un mensaje y una narrativa ajustada, sin perder coherencia con el marco general.
Esta estructura permite gestionar el branding con flexibilidad, sin perder consistencia. Y hace que cada equipo —ya sea de marketing, ventas o diseño— pueda comunicar desde su realidad sin perder el norte estratégico de la marca.
Os dejamos con el ejemplo de Baratz, una empresa dedicada a la gestión bibliotecaria.
5. Definir y categorizar los canales de comunicación
Cada canal tiene su propio lenguaje, su ritmo y su manera de conectar con las personas. Y para que el branding sea coherente, primero hay que entender la naturaleza de cada canal.
No es lo mismo una página de producto en la web, que un catálogo impreso, un espacio físico como una tienda o una presentación en PowerPoint. Cada uno tiene códigos distintos y exige decisiones de diseño y comunicación diferentes.
En un brandbook exitoso, es clave categorizar los canales:
- Canales digitales (web, redes sociales, emailings, apps).
- Materiales impresos (folletos, packaging, catálogos, señalética).
- Espacios físicos o expositivos, donde el branding también se vive: desde un showroom hasta una feria comercial.
- Branding sensitivo, que incluye elementos como el aroma ambiental, la música que suena en un espacio o incluso la iluminación. Todo comunica. Todo construye marca.
Cuanto más específico y bien nutrido esté el brandbook, más útil será para el día a día. Lo ideal es que cualquier persona del equipo —desde diseño hasta comunicación o ventas— pueda consultarlo y, con solo ver un ejemplo, entender si lo que está creando está alineado con la identidad de marca o no.
Un brandbook con buenos ejemplos es como una brújula para la acción. Ayuda a tomar decisiones rápidas, mantener la coherencia y ofrecer experiencias de marca memorables en todos los puntos de contacto.
6. Sistematizar los elementos visuales secundarios
Uno de los grandes retos del branding es mantener el control total de los detalles. Y sí, hablamos de todos esos elementos que muchas veces pasan desapercibidos, pero que también comunican: los iconos para redes sociales, el favicon de la web, el símbolo de una app móvil o el estilo gráfico de una firma de email.
Estos detalles, aunque parezcan menores, forman parte de los puntos de contacto entre la marca y sus públicos. Si no están sistematizados en el brandbook, el resultado será una identidad fragmentada, poco profesional y difícil de gestionar.
Crear un branding que contemple todo lo necesario no es fácil. Requiere experiencia, precisión y una visión global. En este sentido, contar con equipos especializados —como en Wearebold.es— es una garantía de éxito. Sabemos detectar esos puntos críticos y darles forma para que todo esté bajo control.
Un brandbook completo y bien diseñado debe recoger estos elementos secundarios con ejemplos visuales claros, normas de uso y versiones adaptadas a cada contexto. Es lo que marca la diferencia entre una marca que improvisa… y una que se consolida.
7. Alinear la narrativa visual y la narrativa escrita
Un buen brandbook no solo define cómo se ve la marca —logos, colores, imágenes—, sino también cómo se expresa y qué dice —mensajes clave, tono de voz, valores, propósito—.
Ambas dimensiones deben formar un ecosistema cohesionado, donde lo visual y lo verbal resuenen en alianza, creando una experiencia de marca sólida y coherente.
La clave está en construir una narrativa contemporánea, sí, pero que también aguante el paso del tiempo. Lo tendencioso envejece mal. Y una marca que quiere durar no puede cambiar de piel cada dos años.
Por eso, es esencial alinear estos dos lenguajes —el visual y el escrito— desde una visión estratégica. Pensando en el futuro de la compañía, en su evolución, en los nuevos canales y formatos que vendrán.
Si hacemos bien nuestro trabajo, la identidad de marca resistirá las inclemencias del tiempo sin perder relevancia.
En este punto podéis consultar el rebranding de Banco de España.
8. Asegurar la accesibilidad en todos los diseños
Un brandbook de calidad también se preocupa por la accesibilidad. Porque una marca no solo debe ser bella; también debe ser legible, usable y comprensible por todas las personas.
Desde la elección de fuentes claras hasta contrastes de color adecuados, cada decisión de diseño importa. Y no solo por una cuestión estética: la accesibilidad es un derecho y está regulada por ley —especialmente en entornos digitales, según la normativa europea vigente—.
Pero como diseñadores y creadores de marcas, podemos ir más allá del mínimo legal. Podemos y debemos construir marcas que estén verdaderamente al alcance de todos y todas.
Hacer que una identidad visual funcione para personas con dificultades de visión, dislexia o sensibilidad al color, por ejemplo, no resta creatividad: suma impacto, empatía y profesionalidad.
Incluir en el brandbook estándares como los niveles AAA o AA de contraste, buenas prácticas tipográficas y ejemplos accesibles es una forma de hacer branding inclusivo y responsable.
Y lo mejor de todo: cuando una marca es accesible, su mensaje llega más lejos. Y conecta mejor.
Al principio tampoco nos lo creíamos, pero de repente nos encontramos haciendo el rebranding de La Moncloa.
9. Crear un manual visual, práctico y fácil de usar
¿El secreto de un brandbook exitoso? Que la gente quiera usarlo.
Olvídate de documentos interminables llenos de teoría: nadie los lee.
El manual debe ser visual, lleno de ejemplos claros y comparativas prácticas.
Un brandbook práctico facilita que todos los equipos —internos y externos— apliquen el branding de forma correcta, coherente y sin fricciones.
Porque una buena identidad no solo se diseña: se aplica cada día.
Y ahí está la clave: hacer que aplicar la marca sea fácil.
Por eso, muchas veces creamos plantillas editables para redes sociales, informes, presentaciones, catálogos o folletos.
Herramientas prácticas que el equipo puede usar sin tener que reinventar la rueda cada vez, manteniendo siempre la coherencia visual y verbal.
Estas plantillas pueden estar diseñadas en Google Slides, Canva u otras herramientas accesibles, adaptadas a las necesidades reales del cliente y a su capacidad de uso interno.
El objetivo es claro: que cualquier persona empleada pueda trabajar con la marca sin miedo a equivocarse, sin depender de un diseñador cada vez, y sintiéndose parte activa de lo que representa.
10. Estar al servicio
Un brandbook no se construye de la noche a la mañana.
Detrás de cada identidad bien resuelta hay trabajo estratégico, coordinación real y visión de futuro. Pero hay algo más: vocación de servicio.
Es muy importante que la empresa de branding con la que trabajes entienda que está al servicio de tu proyecto. Porque diseñar una marca no va de imponer criterios estéticos, sino de crear sistemas usables y adaptados a tu realidad.
Cada empresa tiene su cultura, su equipo humano, su forma de hacer las cosas. No hay dos iguales. Y por eso, no sirven los manuales preestablecidos.
Un brandbook exitoso nace de escuchar, entender y diseñar a medida.
De atender las necesidades reales.
De buscar la plena satisfacción, no solo del cliente, sino también de quienes luego tendrán que aplicar esa identidad cada día.
En Wearebold.es trabajamos así: construyendo marcas que tienen sentido, valor y propósito. Si quieres crear una identidad sólida, coherente y con futuro, estamos aquí para ayudarte. 🚀
Un abrazo
Mariano Sarmiento
Si tienes cualquier consulta sobre tu brandbook, ponte en contacto con Mariano Sarmiento a través de LinkedIn.


